






Una vez hay idea, expresión y cultura, la clave está gestionar estratégicamente la marca día a día, entendiendo que
cada acción, mensaje, o decisión que se toman, por pequeñas que sean, inciden en la marca, y son oportunidades para dar credibilidad su proposición de valor (o quitársela) y aumentar
su valor contable (o reducirlo).
Para ello es necesario articular un Plan de gestión integral
de marca, que debe ocuparse de:
• Crear un equipo interno con responsabilidad,
recursos y visión transversal
• Trasladar la proposición de valor de marca,
declinándola adecuadamente para cada audiencia
• Garantizar que la marca es el punto de referencia
y la inspiración de toda la empresa
• Gestionar y evaluar la experiencia que la marca
proporciona través de todas sus puntos de contacto
• Corregir cualquier planteamiento que no esté en
consonancia con la esencia de marca
• Medir la eficacia del programa y la incidencia del
mismo en el valor de la marca